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“Con el corazón” Fernando García Arévalo
“NO MAS MUERTES EN EL ESTRECHO”
COMUNICADOS LEIDOS EN LAS CONCENTRACIONES
 Algeciras, 3 de enero del 2.003 "Juan José Téllez"

HISTORIA DE LA INMIGRACION CCCCCCCC

“Con el corazón” Fernando García Arévalo

Durante una semana he estado dándole vueltas a la cabeza sobre que escribir para el acto que aquí nos reúne.

Ayer tarde, por fin, lo tenia listo. Tras leerlo repetidas veces, decidí tirarlo a la papelera.

Lo que aquí les voy a contar ocurrió en realidad. Está escrito casi apresuradamente y con el corazón… pero no se fíen de mi sinceridad. Alguien dijo una vez que ésta, sólo se utiliza para atraer la confianza de los otros… por eso les pido, por favor, que no confíen en mi… eso seria otorgarme demasiada responsabilidad.

Ésta es la historia de una llamada de teléfono que se produjo la mañana del 5 de febrero de 2001, tras el naufragio de una patera en la Cala de la Jabonera en Tarifa. Ésta es la historia de una llamada que no debería haberse producido.

Estaba metido en el agua con ropa y botas, soy poco reflexivo y tal como las pienso las hago. Estaba, como decía,  metido en el agua con ropa, botas y cámaras para fotografiar al muerto que flotaba tieso a escasos metros de la orilla. Entré en el agua, quizás, porque estoy harto de fotografiar muertos y quería un encuadre diferente… que tontería… un encuadre diferente… cosas de fotógrafos.

Una foto, otra… un golpe, otro. Ahora en vertical, así evito a los compañeros que me están jodiendo las fotos… bueno… yo estoy jodiendo las de ellos.

Paco, Andrés, Tony, Roca, compañeros de fatigas. Estoy seguro de que cada uno de ellos tiene un trocito  de corazón enterrado para siempre en las arenas de las playas de Tarifa.

Fotógrafos… vivimos esperando un descuido de Cronos para robarle un instante y transformarlo en eterno. Perdonadme compañeros pero a veces pienso que  el estrecho nos viene grande. A veces pienso que estamos en lo  más ancho del estrecho. 

Foto tras foto, golpe tras golpe. Junto al muerto tieso que flotaba cerca de la orilla, había otro. Con cada ola, éste era empujado y golpeado brutalmente contra las rocas. Seguí haciendo fotos hasta que me canse de oír golpes.

Agarré como pude al muerto por los hombros y tiré de él para intentar sacarlo hasta la arena.
En ese momento, en ese preciso momento sonó un móvil. No era el mío, así no suena, los compañeros se han alejado y aquí…aquí no hay nadie más
No puede ser… no puede ser.  Era el suyo… estaban llamando al muerto.

Creo que lo que sentí en ese momento es lo más parecido al miedo que he sentido en mi vida.  Lo solté aterrado, recule tropezando con las piedras y caí sobre ellas… ni sentí el golpe. El miedo no te permite percibir otras sensaciones.

No… no  cogí el teléfono…, ¡claro que no lo cogí…! ¡¿para decir qué!!?!.

¿Alguien quiere explicarme que se ha de hacer en una situación como esa?.   …Claro que no lo cogí… ¿qué creen?… que soy el recepcionista del Hotel Europa Paraíso.

Durante mucho tiempo he pensado en todo aquello, aun lo hago. ¿Quién hizo aquella llamada?, ¿un mafioso de Almería que venia a recogerlo?, ¿un hermano?,  ¿un amigo de la aldea?, ¿su mujer?… ¡No…, lo llamaba su madre!. Probablemente nunca sabremos con certeza quien hizo aquella llamada, pero yo quiero creer que era su madre… y punto… para eso es mi muerto.

¿Saben?…, me gustaría conocer a esa madre. Me gustaría sentarme con ella y charlar… decirle que su hijo parecía dormido. De verdad, en casa tengo la foto para el que quiera verla. Allí la tengo, de vez en cuando la saco de la carpeta gorda que pone muertos y le echo un vistazo para no olvidarme de él.  Allí está, dormido, con su teléfono envuelto en cinta de embalar… sí…, la marrón,  la de la tienda de los 20 duros. Allí está, dormido, con el chándal viejo que heredó de su hermano, con las zapatillas negras de plástico… las del balón… las que se compró en el zoco viejo de Tánger poco antes de salir.

¿Saben?…, estaría bien poder sentarme con ella y pedirle perdón. Me gustaría preguntarle si fue ella quien hizo la llamada…, me gustaría decirle que no fui capaz de coger el teléfono, que fui cobarde y salí corriendo.

Me gustaría decirle que no hay día en el que no oiga el teléfono y que no hay día en el que no me acuerde de su hijo, el que tengo en casa, durmiendo, en la carpeta gorda … la que pone muertos.

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“NO MAS MUERTES EN EL ESTRECHO”
COMINICADOS DELIDOS EN LAS CONCENTRACIONES

            Desgraciadamente, nos hemos seguido reuniendo en la Plaza Alta de Algeciras como acto de repulsa, denuncia, dolor y recuerdo ante el fallecimiento de personas que trataban de llegar a ese “mundo imaginario” de esperanzas y futuros, pero en el que encontraron el hundimiento de sus propias vidas.

            Aquí relatamos algunos de los comunicados que algunas personas quisieron escribir y leer para recordar a esas esperanzas frustadas:

“Ya pasó las horas de las lágrimas. Las fuimos echando todas a ese mar, que es el morir, desde aquel primer cadáver que abrazó nuestras costas, dicen que a finales del año 88. Ya está bien de lástima y ya está bien de rabia. Nos hemos mordido los labios en silencio, hemos salido a las calles para intentar inútilmente que las leyes fueran leyes y no abusos, para que el sentido común ocupara la casa de los poderosos, para que el mundo dejara de ser un abismo por donde se despeñan tres cuartas partes de nuestros hermanos de especie, hacinados en ese enorme desván al que le hemos puesto el confortable nombre, el eufemismo políticamente correcto, de Tercer Mundo.
Hemos visto muertos anegando las playas con sus enormes gritos y susurros, los hemos visto caer desde los remolques de los camiones bajo los que se ocultaban, asfixiarse en los contenedores, congelarse en el tren de aterrizaje de los aviones que llevaban hacia el país que dicen donde el dinero y las libertades.
Hay quien prefiere considerarles números fríos, estadística pura y dura, simples accidentes de tráfico en las autopistas de una globalización hecha a la medida de quienes siempre tuvieron la sartén por el mango y el mango también. Son las víctimas de un sistema político y económico con nombres y apellidos, el capitalismo salvaje que nos ha expropiado la democracia y ha puesto todo el poder y la gloria en manos de los consejos de administración de las transnacionales.
No podemos sentirnos inocentes de ese crimen. No tenemos derecho a creernos a salvo frente al televisor o ante el banquete nuestro de cada día. De nada va a servirnos pensar que eso siempre les ocurre a los otros y que los otros nunca seremos nosotros. En cada rostro hinchado por el mar y comido por los peces, en cada cuerpo con la espalda mojada y las piernas quemadas por la sal y el combustible, hay un retazo de nuestra identidad colectiva. En sus nombres, Mohamed, Abdul, Sidi, como quiera que sea, llevan escrito nuestro propio nombre. Nuestros recuerdos pueden ser parecidos a los suyos. No tendríamos que tenerles miedo a ellos, que son quienes sufren. Tendríamos que tenerle miedo al oscuro engranaje que hace girar la rueda del mundo y que cualquier día, más temprano que tarde, podrá aplastarnos como les sigue aplastando a ellos.

Los muertos del Estrecho son como los muertos en la zona cero de Maniatan, como los muertos en las ensangrentadas montañas de Afganistán, como los muertos que van a empezar a florecer como hongos en el desierto de Irak, más temprano que tarde, de un momento a otro. Los muertos del Estrecho son señales de alarma, un altavoz que nos dice que toda la humanidad está en peligro, un eco que nos repite que viene el lobo, que viene el lobo, atrincherado bajo las formas de la nueva esclavitud y de los contratos basura; que viene el lobo, que viene el lobo, el que dice exportar libertad pero sólo exporta ejércitos y tiranía; que viene el lobo, el que vino siempre, a devorar esta enorme manada de borregos en la que nos hemos terminado convirtiendo.
Ya ha pasado el tiempo de las manadas, ya ha pasado el momento del si bwana, ya toca otra vez, por amor de todos los dioses, el tantán de la rebeldía.
Ha llegado, simplemente, la hora de las preguntas.
¿Hasta cuando tendrán que esperar los seres humanos para que sean tratados como seres humanos?.
Los muertos de antesdeayer naufragaron frente a las costas de Tarifa, a pesar de que se suponía que el Sistema Integrado de Vigilancia Exterior escudriñaba las lindes del Estrecho. ¿Por qué el presupuesto que hemos invertido en el SIVE no se ha acompañado de otro presupuesto similar que dotara de medios a aquellos que guardan la costa con el simple objetivo de atender a los que huyen de la miseria, sin que su orden prioritaria sea la de detenerles?.
¿Por qué se les detiene cuando cruzar una frontera no es un delito, ni siquiera una falta administrativa? ¿Por qué, si sólo es una infracción administrativa, se les esposa? ¿Por qué se les conduce a calabozos de cuartelillos y comisarías, que a veces arden en llamas y mueren cuatro desheredados de la Europa del bienestar que no compraron probablemente nunca regalos de Reyes Magos, que no volverán a hacerlo, que simplemente compraron boletos para la lotería de la operación triunfo y les salió de repente la bola negra de una legislación inexpugnable, estúpida y kafkiana?.
¿Por qué los gobiernos que podrían llegar a acuerdos razonables para que circulara la gente y el aire por sus obsoletas fronteras, señalan siempre con el dedo a las mafias como únicas responsables de estas matanzas?.
¿No tienen ellos, no tenemos nosotros que los hemos elegido, una cuota de sangre en esa guerra económica que ya ha contabilizado miles de bajas en la trinchera del Estrecho?.
¿Quién está en la cumbre de esa mafia?.
¿Acaso no están los empresarios sin escrúpulos que utilizan a los inmigrantes sin papeles como un ejército de mano de obra malpagada y sumisa?.

 

¿A cuántos de estos supuestos empresarios se ha detenido, se ha conducido a una celda con las manos esposadas, se les ha deportado del país del sacrosanto libre comercio?.
Ya pasó la hora de las preguntas. Ya empezó la hora de las respuestas. Y las respuestas, amigos míos, están soplando en el viento.”

               Algeciras, 3 de enero del 2.003 Juan José Téllez

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